La erosión ha esculpido los montículos de arcilla y formas fantásticas que se admiran en las Bardenas Reales, declaradas Parque Natural en 1999 y Reserva de la Biosfera un año después. En este territorio despoblado de 45 kilómetros de largo y 24 de ancho, las formaciones más singulares son las columnas puntiagudas que adquieren tonalidades distintas según sea la luz del día.