Haga frío o calor, sea invierno o verano, haya calma chicha o mala mar, sea primera hora de la mañana o se haya puesto el sol, el ávido surfero se interna en el mar para esperar largos minutos para coger una ola que le lleve unos efímeros instantes a deslizarse por su cresta cual superhéroe volando por el espacio. Si lo logra, al final de su camino caerá para volver a levantarse y repetir este ciclo de deseo de un nuevo instante intenso de felicidad.