Cuando entré a trabajar en el departamento de informática de la empresa en la que trabajé toda mi vida, mis compañeros me contaban batallitas, muchas de ellas de un jefe que tuvieron y que dejó la empresa antes de que me incorporara yo. Una de ellas era que les decía algo así como «Verás moverse la cruz del Andatza antes de que el ordenador falle». El Andatza era un monte que se veía desde las ventanas de nuestras oficinas.

Al cabo de 15 años, los IBM PC que nos llegaron tenían un fallo en el procesador de coma flotante que causaba que unas pocas cantidades decimales no pudieran obtenerse en el lenguaje de programación COBOL. Así si le decíamos 24,16 + 0 y nos daba como respuesta 24,17. Esto pasaba con cualquier operación cuyo resultado fuera dicha cantidad. Había muy pocas cantidades con problemas pero tuvimos que poner parches en nuestros programas preguntando por las cantidades que fallaban.